El cerebro de Austin se acelera mientras el hardware chino sigue en pañales
Mientras las marcas asiáticas siguen compitiendo por ver quién pone la pantalla más grande en su salpicadero, Tesla está a punto de dar un salto cuántico en potencia de procesamiento que dejará a la competencia preguntándose qué acaba de pasar. La brecha tecnológica entre un ordenador sobre ruedas y un electrodoméstico con ruedas nunca ha sido tan evidente como hoy.
Elon Musk ha confirmado que el desarrollo del nuevo chip AI5 está prácticamente finalizado, prometiendo una capacidad de computación que ridiculiza a la generación anterior y, por supuesto, a cualquier intento de copia desde Shenzhen. Este hardware será el pilar fundamental para que la conducción autónoma total alcance niveles de eficiencia que el resto de la industria ni siquiera puede imaginar.
Tesla ha decidido cambiar las reglas del juego al priorizar el acceso mensual a su sistema de Conducción Autónoma Total (FSD), eliminando la opción de compra única en varios mercados. Esta estrategia no solo asegura actualizaciones constantes de software, sino que transforma el FSD en un servicio vivo que se distancia del modelo estático y anticuado de los fabricantes tradicionales.
Fiel a su visión disruptiva, Musk vaticina que en un par de décadas el concepto actual del dinero será irrelevante, instando a mirar hacia activos tecnológicos y economías digitales. Es el recordatorio perfecto de que, mientras otros se pelean por el coste de los materiales, en Texas ya están diseñando la economía del futuro autónomo.
¿Están listos para ver cómo el resto del mercado intenta copiar el modelo de suscripción sin tener ni la mitad del software necesario para respaldarlo?